MIENTRAS LA VIDA ESTÁ PASANDO

A veces esperamos que ocurra algo extraordinario para sentir que estamos viviendo. Un viaje, un amor, una celebración, una noticia que llevamos mucho tiempo esperando. Pero quizá disfrutar la vida también consiste en aprender a reconocer todo lo que está sucediendo mientras esperamos: una conversación cualquiera, el café de la mañana, una canción que nos encuentra en el momento preciso, la risa de alguien que amamos o una comida alrededor de la mesa.

Quizá una de las preguntas que más deberíamos hacernos es:

 ¿cuántas veces estamos tan preocupados por conservar las cosas que olvidamos disfrutarlas?

Porque hay una diferencia enorme entre tener a alguien y saber que lo tenemos.

Entre decir “mi mamá está” y detenernos a disfrutar una conversación con ella. Entre saber que tenemos amigos y hacerles saber cuánto agradecemos que estén. Entre tener un hermano y recordar que, además de todo lo que nos diferencia, compartimos una historia que nadie más en el mundo puede contar exactamente como nosotros. Entre amar y simplemente asumir que el otro ya sabe que lo amamos.

La gratitud no debería aparecer solamente cuando tenemos miedo de perder.

A veces esperamos una enfermedad, una despedida, una crisis o una ausencia para entender el valor de algo que estuvo frente a nosotros durante años. Como si necesitáramos imaginar la vida sin algo para comprender cuánto significaba tenerlo.

Y quizá agradecer también sea una forma de no esperar a perder para mirar.

Porque una memoria bonita no siempre nace de un acontecimiento extraordinario. Muchas veces nace de algo que, mientras ocurría, parecía completamente cotidiano. Un almuerzo. Una tarde de lluvia. Un café. Una llamada larga. Una persona que se quedó escuchándote. Un viaje en carro cantando. Una mascota acostada a tus pies. Una conversación en la cocina. Una carcajada que no pudiste controlar.

Y años después pensamos: “Qué bonito fue ese día.”

Sin saber, mientras lo vivíamos, que estábamos fabricando una memoria.

Tal vez por eso me gusta tanto pensar en la palabra memoria. Porque nos recuerda que el presente, incluso este día que parece común, algún día será pasado. Esta conversación que hoy parece pequeña puede convertirse en una de esas que recordemos durante años. Esa persona que hoy podemos abrazar puede convertirse algún día en una fotografía, en una voz que extrañamos, en una historia que contamos. Y entonces quizá entendamos que muchas de las cosas que hoy llamamos cotidianas eran, en realidad, pequeños regalos.

Quizá amar la vida también sea esto: mirar a las personas que tenemos cerca y dejar de dar por sentado que estarán para siempre. Decir “te quiero” cuando todavía podemos decirlo. Invitar a un café. Hacer una llamada. Tomar una fotografía. Sentarnos a conversar sin mirar el reloj. Celebrar que alguien existe y que, por alguna razón misteriosa de la vida, nuestros caminos se encontraron.

Y no se trata de vivir con miedo a perder. Al contrario. Se trata de vivir con suficiente conciencia para disfrutar mientras tenemos.

Yo creo que Dios también está en eso. En la abundancia de los días que no hacen ruido. En las personas que puso en nuestro camino. En la posibilidad de despertar una mañana y todavía tener cosas por descubrir, lugares por conocer, canciones por cantar, libros por escribir y personas a quienes abrazar.

A veces hablamos de la fe como aquello que nos sostiene cuando todo se rompe. Y sí, también la he encontrado allí. Pero creo que la fe también puede enseñarnos a mirar cuando todo está bien. A reconocer el regalo antes de que se convierta en recuerdo. A agradecer no solamente porque algo salió como esperábamos, sino porque tuvimos la oportunidad de vivirlo.

Tal vez vivir no consiste únicamente en aprender a atravesar los días difíciles. También consiste en aprender a reconocer los días buenos mientras todavía están sucediendo.

Porque algún día, incluso estos días que hoy nos parecen normales, serán memoria.

Y yo quiero poder mirar hacia atrás y sentir que no solamente sobreviví a mi vida.

También la disfruté. La amé. La agradecí. La viví mientras estaba pasando.